Jugar Es Importante

Aprovechando el final de las clases y la llegada de las vacaciones de verano, queremos insistir nuevamente en la importancia del juego en la vida de los niños. No nos cansamos de decirlo, numerosos estudios lo avalan desde hace décadas y así consta en el artículo 31 de la Convención del Derechos Humanos de 1989; la pandemia sólo ha supuesto un toque de atención y un recordatorio al respecto.

Jugar debe realizarse preferiblemente al aire libre, en un entorno natural, hábitat innato al ser humano y que hace que nuestro cerebro libere endorfinas, produciendo bienestar y felicidad. Además, el cerebro es por naturaleza curioso y le encanta la novedad, y con el juego incentiva ambas aptitudes. El juego sirve fundamentalmente para que los niños desarrollen tanto sus habilidades y capacidades físicas, como las emocionales. Desde la psicomotricidad y el desarrollo cognitivo, a las relaciones personales, la empatía o el autocontrol.

Por otro lado, asumen retos y riesgos en un entorno controlado, lo que evita cualquier tipo de situación de peligro y les permite superarse y aumentar la autoestima; saben perfectamente hasta donde pueden llegar, qué desafíos son asumibles (esta es la principal razón de la supervivencia de la especie humana) dándoles las bases para poder aplicar ese conocimiento en la vida real y en el futuro. Y en el hipotético caso de equivocarse, estos errores les sirven de aprendizaje.

También es importante que exista una parte del juego que se desarrolle en solitario, lo que permitirá que el niño experimente su lado más introspectivo y creativo, pero también conozca la sensación de aburrirse, algo que es primordial que aprenda. El juego con niños de todas las edades fomenta las relaciones, los acuerdos, las negociaciones y la sana rivalidad, estableciendo conexiones con las normas en sociedad en la vida real. Pero también es importante compartir el juego con los progenitores, siempre y cuando estos últimos respeten la imaginación de los niños y les den libertad, pues se pueden aprovechar estos momentos para materializar situaciones cotidianas que le ayuden a conocer el mundo a través del juego.

En conclusión, jugar es una tarea indispensable para los niños (sino la más importante), desde la más tierna infancia a la adolescencia, que los convertirá en adultos responsables, resilientes y seguros, que sepan relacionarse en sociedad.  Así que no les privemos de ese derecho… en verano, sintámonos todos un poco niños, compartiendo con ellos sus juegos.

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